EPIDEMIOLOGÍA

rompiendo mitos: mascarillas

PUNTOS CLAVE


    
Utilizar mascarilla es una intervención bidireccional eficaz
contra el COVID-19.
Las mascarillas combinadas con higiene de manos tienen un efecto protector mayor.
Las mascarillas quirúrgicas tienen un rendimiento similar a los respiradores N95 para el manejo médico rutinario.
Los respiradores (N95 o Respiradores de eficacia superior) son superiores a las mascarillas quirúrgicas en situaciones productoras de aerosoles gracias a su sello hermético.
NO existe suficiente evidencia para recomendar o descartar el uso de cobertores de tela ya que su eficacia es extremadamente variable y
depende de varios factores.

INFORMACIÓN DE BÚSQUEDA
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Lunes 3, de agosto del 2020

 

Pubmed, Google Scholar

Mascarillas

(COVID19 OR SARS-Cov-2 OR Novel Coronavirus OR Wuhan Coronavirus OR Coronavirus Disease 19 OR Severe Acute Respiratory Syndrome Coronavirus 2 OR 2019-nCoV infection OR ("severe acute respiratory syndrome coronavirus 2" [Supplementary Concept]) OR ("COVID-19" [Supplementary Concept])) AND (mask OR FFP1 OR FFP1 mask OR FFP2 OR FFP2 mask OR FFP3 OR FFP3 mask OR N95 mask OR N95 OR KN95 OR KN95 mask OR KF94 OR KF94 mask OR N100 mask OR N100 OR filter valve mask OR surgical mask OR medical mask OR craft mask OR homemade mask OR cloth mask OR cotton mask OR (“respiratory protective devices"[MeSH Terms]))

Complicaciones

(COVID19 OR SARS-Cov-2 OR Novel Coronavirus OR Wuhan Coronavirus OR Coronavirus Disease 19 OR Severe Acute Respiratory Syndrome Coronavirus 2 OR 2019-nCoV infection OR ("severe acute respiratory syndrome coronavirus 2" [Supplementary Concept]) OR ("COVID-19" [Supplementary Concept])) AND (cutaneous lesions OR dermatitis  OR ulcers OR pimples OR pressure sores OR eczema) AND (prevention) AND (treatment) AND (mask use)

Se encontraron 826 artículos, 139 cumplieron nuestros criterios de inclusión y al final se utilizaron 45 artículos.

Los criterios de inclusión fueron: temática relacionada con: historia de las mascarillas, causalidad, terapéutica, pronóstico, prevención y comparación; lenguaje español e inglés. Se incluyeron estudios aleatorizados controlados, cohortes, caso-control, transversales, revisiones sistemáticas, metaanálisis, revisiones no sistemáticas “revisiones literarias”, estudios experimentales no humanos. Se añadieron guías de manejo y recomendación del Centro de Control de Infecciones (CDC), de la Organización Mundial de la Salud (WHO/OMS) y del departamento de trabajo de la Administración de Salud y Seguridad Ocupacional (OSHA) en EE. UU.

EVIDENCIA

En diciembre de 2019, se informó un número creciente de casos de neumonía en Wuhan, China. Desde entonces, la enfermedad debido a un nuevo beta coronavirus (SARS CoV-2) se ha extendido a más de 200 países, el 11 de marzo del 2020 el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Dr. Ghebreyesus, anunciaba al brote de COVID-19 como una pandemia (1), convirtiéndose en la segunda pandemia del siglo XXI después de la pandemia de influenza A H1N1 de 2009. Hasta el día de hoy  (10 de octubre del 2020) existen 36,978,455 casos a nivel mundial con 1,069,782 personas fallecidas (2).

HISTORIA

Las máscaras originalmente fueron creadas con el objetivo de evitar respirar el mal olor, y es a partir de 1700 que la humanidad le encuentra utilidad en fines médicos. Una de las primeras y famosa hasta nuestros días es la máscara del “doctor de la peste” descritas por Charles de Lorme cuya forma de pico de medio pie de largo con dos orificios cerca de las fosas nasales son características. Durante el transcurso del tiempo las máscaras han sufrido cambios estructurales para adaptarse a las necesidades en la atención de la salud. La primera mascarilla quirúrgica fue descrita por J. Miculicz, un médico alemán en 1897 (3,4); en 1918, el médico estadounidense G. Weaver describió el uso de mascarillas de tela (algodón, gasa, entre otras), y observó que la tasa de infección respiratoria fue baja entre los trabajadores que utilizaron mascarillas compuestas de 2 a 3 capas de estos materiales (5); en 1918, se emplearon mascarillas de algodón durante la pandemia de influenza española, mientras que durante la segunda epidemia de peste de Manchuria en 1920-1921 y en la epidemia de peste en Los Ángeles en 1924 se utilizaron mascarillas de gasa. La  revolución industrial, el histórico desastre de Estados Unidos durante la construcción del túnel Hawks Nest en 1930, en el que aproximadamente 1000 trabajadores adquirieron silicosis por falta de equipo de protección y las amenazas de guerras químicas, impulsaron el rápido avance tecnológico de las mascarillas (3,4). A mediados del siglo XX, se empiezan a desarrollar mascarillas médicas desechables, con lo que disminuye el uso de las mascarillas de tela; sin embargo, actualmente muchos países en el mundo, las sigue utilizando (6).

TRANSMISIÓN

Las personas infectadas son la principal fuente de transmisión, el COVID-19 al igual que otras enfermedades virales se propaga atreves de gotitas, pudiendo estas llegar a tener contacto directo con las membranas mucosas o través de fómites. La cavidad bucal es la principal fuente de gotitas espiratorias cuyo rango oscila entre 5 a 100 μm generadas durante el habla y la tos (7,8), al ser partículas respiratorias grandes están sujetas a fuerzas gravitacionales por lo tanto viajan a no más de 1 metro de distancia (8). Por tanto, el CDC recomienda un distanciamiento social o físico de al menos 1.8 metros como medida de precaución  (9).

El uso de cual mascarilla se debe emplear en cada escenario es controvertido, sin embargo, las recomendaciones y la terminología varían según las pautas (10), la OMS  recomienda el uso de una mascarilla quirúrgica para todas las personas que trabajan en el sistema de salud que brindan atención de rutina a un paciente  sospechoso  y/o confirmado de COVID-19 (11,12), mientras que el CDC de Estados Unidos para la misma indicación recomienda un respirador (13);

Las mascarillas parecen ser efectivas con o sin higiene de manos, pero juntas tienen un efecto protector mucho mayor. Se cree que la infectividad comienza antes de tener síntomas y disminuye significativamente 7 días después del inicio de estos (14), motivo por el cual en la comunidad, el uso rutinario de mascarillas en personas sanas podría ser beneficioso, particularmente cuando la tasa de  transmisiones indocumentadas (personas con síntomas leves o nulos que pasan desapercibidos y/o sin diagnóstico)  pueden llegar a ser la fuente de infección del 79% de casos documentados (15).

USO E IMPORTANCIA

La mascarilla es un dispositivo que cubre la nariz y la boca produciendo una barrera capaz de minimizar la transmisión directa de agentes infecciosos; las mascarillas faciales desechables (de un solo uso)  son producidas a partir de polímeros (poliuretano, policarbonato, polipropileno, poliestireno, poliacrilonitrilo, polietileno o poliéster); típicamente están constituidas por tres capas: una interna que contiene fibras blandas, una intermedia con filtro fundido y una capa externa resistente a fluidos con fibras no tejidas y generalmente de color (16). Liang et al, en una revisión sistemática más meta-análisis encontró que, el uso de mascarillas es una intervención no farmacológica bidireccional (persona que la usa y las que se encuentran a su alrededor) eficaz contra el COVID-19, incluso cuando la eficiencia de esta es subóptima, reduce sustancialmente la dispersión de gotitas, cuyos efectos protectores son significativos, tanto para el personal sanitario y para el público en general, como en la población asiática y en la occidental (10); además, su uso tiene un efecto protector contra los virus de la influenza y SARS, con un riesgo menor del 45% y 74% respectivamente (10). Si se añade el uso de mascarillas al distanciamiento físico mayor o igual a 1 metro, se puede reducir significativamente el riesgo de contagio (17).

PRECAUCIÓN DE AEROSOLES:

El personal de salud debe utilizar un equipo de protección personal conformado por una bata resistente a líquidos desechable  manga larga, mascarilla de protección, mascara facial y guantes en casos sospechosos y/o confirmados de COVID-19 (18).

En el hospital, el tiempo para la limpieza de aerosoles (es decir, el tiempo mínimo que tiene que pasar hasta que una persona pueda entrar en la habitación sin una mascarilla de protección y con riesgo casi nulo de infección) depende del cambio de aire por hora (CAH); mientras mayor sea el CAH más rápida será la limpieza del aerosol. Se recomienda que las salas generales y/o habitaciones individuales tengan al menos 6 CAH, mientras que en las salas de aislamiento con presión negativa al menos 12 CAH; después del 1 CAH se cree que se reducen los aerosoles del aire en un 63% y después de 5 CAH menos del 1% aún permanecen el aire (14,19). 

El departamento de trabajo de la Administración de Salud y Seguridad Ocupacional (OSHA) en EE. UU, desarrolló una pirámide de riesgo ocupacional que define el riesgo de los proveedores de atención médica en función de la exposición y las divide en riesgo de exposición: muy alto, alto, moderado y bajo. El riesgo de exposición muy alto, abarca aquellas labores con alto potencial de exposición a fuentes sospechosas y/o confirmadas de COVID-19, en estos se incluyen a los profesionales de la salud que realizan labores con alta exposición a aerosoles como por ejemplo durante procedimientos odontológicos, intubación, broncoscopias, toma de muestras de laboratorio o personas que trabajan en las morgues (14,20). El riesgo de exposición alto, contempla un alto potencial de exposición a fuentes sospechosas o confirmadas de COVID-19, en estos se incluyen al personal de salud que debe ingresar a las habitaciones de los pacientes, al personal de transporte y trabajadores involucrados en la preparación, entierro y cremación de cuerpos de personas sospechosas y/o confirmadas con COVID19; El riesgo de exposición medio, contempla aquellas labores en las que, existe contacto menor a 2 metros de distancia, con personas que pueden o no estar contagiadas, pero que no son casos sospechosos o confirmados de COVID-19. El riesgo de exposición bajo, se refiere a las labores, en la que durante su ejecución no existe contacto menor a 2 metros de distancia con personas que pueden o no estar infectadas (20). 

COBERTORES FACIALES DE TELA O MASCARILLAS DE TELA:

Definición:

Debido al aumento masivo del uso de mascarillas durante la pandemia del COVID-19, los cobertores de tela se han popularizado sobre todo en áreas de bajos recursos al representar una opción reutilizable y de bajo costo. Sin embargo, existe escasa evidencia acerca sobre la efectividad de materiales comúnmente utilizados para la producción de estas. Según el CDC, los cobertores faciales de tela o “mascarillas de tela” no son considerados como parte del equipo de protección personal y no deberían ser utilizados en el cuidado de pacientes sospechosos, confirmados con COVID-19 o situaciones donde se disponga o recomiende el uso de un respirador o una mascarilla quirúrgica (21). Por otro lado, la emergencia sanitaria producida por el virus SARS-CoV-2 ha llevado a un incremento de la demanda de mascarillas, por lo que el uso de cobertores faciales de tela no ha sido descartado por completo(22).

Eficacia y Recomendaciones:

La necesidad de evaluar la capacidad de estos materiales para filtrar partículas entre 10nm-10mm es extremadamente importante para determinar el grado protección contra virus respiratorios. Los estudios realizados hasta el momento sugieren un grado de eficacia de distintos materiales como el algodón, seda, gasa y franela que oscila entre un 5-80% para filtrar partículas <0,3mm y entre un 5-95% para partículas >0,3mm.  Sin embargo, estos valores ascendieron dramáticamente al momento de utilizar varias capas y combinaciones especificas de estos materiales(22,23). Combinaciones como algodón-seda, algodón-gasa y algodón-franela aumentaron la capacidad de filtración a un >80% para partículas <0,3mm y >90% para partículas >0,3mm. Se presume que el aumento de eficacia de estas combinaciones se debe al efecto combinado entre la filtración de tipo mecánico y una filtración de tipo electroestático. Los resultados obtenidos de las diferentes combinaciones de cobertores faciales de tela demostraron ser inferiores al respirador estándar N95 para filtrar partículas >0,3mm, pero superiores para partículas <0,3mm.

Se considera que esta supuesta superioridad de las mascarillas de tela sobre los respiradores N95 tela para filtrar partículas inferiores a 0,3mm se debe a que los respiradores N95 son diseñados principalmente para filtrar partículas ³0,3mm(22).

Es importante considerar que el virus SARS-CoV 2 tiene un diámetro aproximado de 0,1mm por lo que, las mascarillas de tela aparentemente son mas eficaces que los respiradores N95. Sin embargo, las partículas <0,3mm presentan un fenómeno en el cual las partículas interactúan con moléculas presentes en el aire (oxígeno, nitrógeno) y rebotan formando un patrón de movimiento completamente errático, el cual permite que estas partículas puedan ser atrapadas con facilidad(24).

El uso de cobertores faciales de tela son una alternativa económica y reusable en comparación a los respiradores N95 y puede recomendarse su utilización principalmente para áreas publicas o sociales donde el distanciamiento social sea difícil de mantener y no se disponga de mascarillas quirúrgicas o respiradores(25). Estos cobertores no protegen contra partículas aerolizadas ni garantizan la protección contra el virus SARS-CoV-2 ya que diferentes factores pueden influir directamente sobre su eficacia, pero a pesar de todas sus limitaciones, el grado de protección de los cobertores faciales es substancialmente superior a no usar ninguna medida de protección.

Limitaciones:

A pesar de estos resultados, es importante tomar en cuenta la situación práctica de estos cobertores a la hora de ser utilizados por seres humanos donde el sellado no es apropiado. Estos estudios fueron realizados dentro de condiciones ideales donde se eliminaron y minimizaron fugas, las cuales son importantes para determinar el rendimiento de estos cobertores (26). La presencia de fugas de aire gracias a los espacios entre el cobertor y los contornos faciales representan un aspecto crítico con respecto su rendimiento disminuyendo hasta un 60% de su eficacia de filtración por lo que se recomienda la realización de estudios a futuro que evalúen este tipo de limitaciones (22).

La capacidad de este tipo de cobertores para reducir la trasmisión el virus SARS-CoV-2 depende del equilibrio de varios componentes (el tipo de fibra, el tejido y el número de hilos) en el cual los mejores materiales fueron aquellos que contaban con un número considerable de hilos y fibras elevadas visibles. Según Zangmeister et al. ningún tipo de cobertor de tela se asemeja al rendimiento del respirador N95 y la información medida de las combinaciones de múltiples telas como la carga de partículas no impactó la eficacia de filtración de estos cobertores(26).

Por último, otros factores que igualmente pueden influenciar el rendimiento de estos cobertores como el ancho de la fibra, la textura de la fibra, el contenido de humedad de la fibra, la humedad relativa, el lavado y degradación de esta también deberían ser tomados en cuenta al momento de evaluarlos (26).

MASCARILLAS QUIRÚRGICAS:

Definición:

Las mascarillas quirúrgicas son resistentes a las secreciones, pero no tienen la capacidad de proteger contra aerosoles(27). Por lo general están compuestas por tres capas de las cuales

dos son hojas externas de tela “no trenzada” con una capa de polipropileno fundido en el medio. La capacidad de filtrado es proporcionada por la capa media. Sin embargo, se debe tomar en cuenta que los materiales utilizados para su producción pueden variar mucho por lo cual la capacidad de filtración de estas mascarillas suele ser variable dependiendo del fabricante(28). La estandarización de los niveles de protección de la ASTM (“American Society for Testing and Materials”) clasifica la efectividad de las mascarillas quirúrgicas en tres niveles según la eficacia de filtración de partículas y bacterias. Sin embargo, esta clasificación está centrada en la resistencia a los líquidos durante la cirugía (sobre todo los niveles 2 y 3) por lo cual, el nivel de protección que proporcionan contra el virus SARS-CoV-2 es incierto (29).

Eficacia y Recomendaciones:

Existen estudios en relación con el virus de la influenza que determinaron que la efectividad de las mascarillas quirúrgicas es comparable a los respiradores N95(30). Sin embargo, estos hallazgos se limitan al cuidado hospitalario de rutina y no deberían ser generalizados a situaciones en las que existe un alto riesgo de aerolización (por ejemplo, intubaciones o broncoscopías) en las que se recomienda el uso de un respirador N95(30). Otros estudios han demostrado que esto también podría ser verdad para el SARS-CoV-2, recomendando el uso de mascarillas quirúrgicas para procedimientos no generadores de aerosoles en pacientes  COVID-19 positivos (31). Se recomienda el uso de las mascarillas quirúrgicas sobre todo para situaciones de bajos recursos y en las que un respirador N95 no esté disponible(32).

Si bien el tiempo de vida de las mascarillas quirúrgicas depende del fabricante, su elevada demanda durante la pandemia actual ha llevado al CDC a recomendar su uso extendido en miembros del personal de salud.  Sin embargo, deben ser desechadas si se encuentran sucias, dañadas o si se vuelve difícil respirar normalmente. Además se recomienda no manipular o ajustar la mascarilla y en caso de hacerlo lavarse las manos de forma inmediata(33).

Un estudio realizado para evaluar la presencia de varios virus a partir del aire exhalado de pacientes con enfermedad respiratoria aguda demostró la efectividad de las mascarillas quirúrgicas para reducir la detección de los coronavirus y de la carga viral en gotas respiratorias y aerosoles. Esto podría tener implicaciones importantes para el COVID-19, sugiriendo que el uso de mascarillas quirúrgicas por personas infectadas podría ayudar a prevenir la transmisión a otros(34). 

Además, se recomienda el uso de mascarillas quirúrgicas en la comunidad por personas sanas en entornos de alto riesgo de transmisión como por ejemplo en transporte público o en universidades(35). El uso de mascarillas en estos ambientes ha demostrado ser un método de prevención eficaz, sobre todo en combinación con la higiene adecuada de manos(35). Esto además ayuda a reducir la emisión de secreciones salivales infectadas y gotas respiratorias por parte de pacientes con sintomatología leve. Debido a que las personas de tercera edad, inmunodeprimidos y con comorbilidades sistémicas tienen un mayor riesgo de adquirir una infección severa por COVID-19 se recomienda el uso continuo de mascarillas en esta población de forma preventiva(10). Personas que estén en contacto estrecho con personas de alto riesgo de igual manera deberían considerar el uso continuo de mascarillas(10).

Limitaciones:

Es importante tomar en cuenta que las mascarillas quirúrgicas no están diseñadas para producir un sello hermético por lo cual permitirán que el aire sin filtrar fluya a través de los lados y por lo tanto no pueden ser utilizados durante procedimientos generadores de aerosoles.  También se debe mencionar que, a pesar de que muchos de estos estudios se enfocan en el virus de la influenza en lugar de coronavirus, los resultados son comparables debido a que el modo de transmisión y el tamaño de los dos virus es similar. Los coronavirus  tienen un tamaño de aproximadamente 0.06- 0.14 μm mientras que el virus de la influenza tiene un tamaño aproximado de 0.08-0.12 μm (36)(37). Por último, las mascarillas quirúrgicas son desechables por lo que solo pueden ser utilizadas una vez  y contribuyen con la generación excesiva de desechos médicos(30).

RESPIRADORES:

Definición:

Un respirador es un dispositivo de protección personal que se usa en la cara y debe cubrir por lo menos nariz y boca, el cual, se utiliza para reducir el riesgo del usuario de inhalar partículas nocivas aerolizadas. Estos pueden ser mascarillas de protección respiratoria o mascarillas purificadoras de aire(21).

MASCARILLAS DE PROTECCIÓN RESPIRATORIA:

Definición:

Las mascarillas de protección respiratoria se caracterizan por formar un sello hermético alrededor de la nariz y boca, el cual protege al usuario de partículas nocivas, gases y microorganismos (4).  Estas mascarillas cuentan con un filtro formado por capas de microfibras de polipropileno el cual se encuentra electrostáticamente cargado para permitir al respirador mantener su capacidad para filtrar microorganismos.

Este tipo de respiradores se encuentran clasificados según su habilidad (N, R, P)(4,38):

  • “N”: No resistente al aceite
  • “R”: Resistente al aceite
  • “P”: A prueba de aceite

Eficacia:

Los respiradores se subdividen según su porcentaje de filtración de partículas menores a 0,3 mm. Por ejemplo, los respiradores N95 se caracterizan por filtrar al menos 95% de estas partículas, las N99 99% de filtración y las N100 se caracterizan por filtrar al menos 99,97%(28).

Este tipo de respiradores deben encontrarse certificados bajo los estándares de la NIOSH (“National Institute for Occupational Safety and Health”) con un factor de protección asignado de 10. Sin embargo, es importante mencionar que la unión europea de igual manera dispone de estándares para la certificación de estos respiradores (28). La EN 149:2001 se encarga de clasificar los respiradores en FFP1, FFP2 y FFP3 (“Filtering Face Piece”) mientras que la EN143 los clasifica en P1, P2 y P3. FFP2 y P2 son equivalentes a la N95 ya que tienen una capacidad de filtración de al menos 94% mientras que FFP3 y P3 son equivalentes a la N99 y cuentan con una capacidad de filtración de al menos 99%. FFP1 únicamente cuenta con una capacidad de filtración de al menos 80% (tabla 1) (4,39).

Estos respiradores pueden contener o no válvulas. Aquellos con válvulas permiten al usuario exhalar aire con mayor comodidad, sin embargo, estos no filtran el aire exhalado por el usuario por lo que no se encuentran indicadas en pacientes infectados con COVID-19 ya que durante la exhalación el virus puede atravesar el respirador y fácilmente infectar a más personas. Los respiradores que carecen de válvulas proveen protección tanto a la inhalación como la exhalación (4).

Recomendaciones:

El CDC recomienda el uso de un respirador o mascarilla quirúrgica como un componente fundamental del equipo de protección que debe utilizar todo personal de salud al manejar un paciente sospechoso o confirmado con COVID-19. Se debe usar un respirador N95 (FFP2, P2 o un respirador con mayor capacidad de filtración) o una mascarilla quirúrgica en caso de que el respirador no se encuentre disponible (21). Se prefiere el uso de respiradores sobre mascarillas quirúrgicas principalmente en procedimientos generadores de aerosol o a la exposición de aerosoles en un circuito abierto gracias a su sello hermético (31). Asimismo, estos respiradores también muestran una superioridad al momento de proteger al usuario de la trasmisión por gotitas(30,40). Sin embargo, hasta el momento no se ha demostrado superioridad de estos respiradores en comparación con las mascarillas quirúrgicas para la protección de virus respiratorios en el manejo médico de rutina como en procedimientos no productores de aerosoles(31).

Tanto respiradores como mascarillas quirúrgicas deben utilizarse incluso desde antes de ingresar a la sala del paciente y una vez utilizados estos deben ser descartados inmediatamente después de haber abandonado el área del paciente. En caso de ser reutilizables estos deben ser desinfectados de acuerdo con las instrucciones del proveedor antes de ser utilizadas nuevamente(21).

El uso extendido de estos respiradores, el cual se refiere a la utilización continua de un mismo respirador como la N95 para repetidos encuentros de contacto estrecho con varios pacientes puede representar una alternativa aceptada para ahorrar respiradores durante la pandemia del COVID-19. Asimismo, se recomienda el uso extendido de respiradores a su reutilización debido a que involucra menos manipulación y consecuentemente un menor riesgo de trasmisión. Se ha observado que estos pueden funcionar correctamente durante ocho horas continuas o de uso intermitente. Sin embargo, también deben implementarse medidas para limitar el grado de contaminación de la superficie del respirador mediante el uso de barreras que evitan la contaminación por gotitas junto con recordatorios constantes para evitar el contacto innecesario de la superficie externa de estos respiradores(41). 

Limitaciones:

Los respiradores son particularmente protectores en caso de ser utilizados continuamente porque forman un sello hermético. El uso intermitente, así como la manipulación de la cubierta externa del respirador pueden poner en riesgo al usuario debido a que el virus pueda quedarse atrapado en el respirador y al ser manipulado por las manos del usuario este puede ingresar y contagiar a la persona al tocarse nariz, boca u ojos(35).

Por último, es importante mencionar que los respiradores por si solos no garantizan una protección total contra el COVID-19. Otras medidas como la higiene de manos, el uso de equipo de protección personal como gafas de seguridad o protectores faciales, guantes de manejo y batas quirúrgicas así como el entrenamiento adecuado de como manipularlos y desecharlos confieren un mayor perfil de seguridad contra la infección por el virus SARS-CoV-2(21).

MASCARILLAS PURIFICADORAS DE AIRE:

Definición:

Un PAPR es un respirador purificador de aire que utiliza un ventilador para forzar el aire a través de los filtros en la zona de respiración del usuario. De esta forma se produce un flujo de aire dentro de la mascarilla facial ajustada o del casco suelto, proporcionando un factor de protección más alto(42).

Eficacia:

Comparado con el respirador N95 los PAPR demuestran una mayor eficacia con un APF (“Assigned Protection Factor) de 25. Filtran el 99.97% de las partículas de 0.3 µm y son impermeables al aceite además de ser más cómodos para el uso durante periodos prolongados y pueden ser usados con gafas y vello facial proporcionando una cobertura completa de la cara y de la cabeza(42).

Recomendaciones:

El uso de las PAPR para la prevención de la infección por SARS-Cov-2 es controversial debida a la falta de evidencia. Debido a que trabajadores de la salud han sido infectados durante procedimientos generadores de aerosoles, aunque hayan usado las medidas de precaución recomendadas incluyendo la respirador N95, se sugiere el uso de PAPR por parte del personal de la salud durante este tipo de procedimientos en pacientes con COVID-19(43).

Limitaciones:

La limitación principal de los PAPR es su alto costo y la necesidad de entrenamiento del personal de la salud para el uso adecuado y para evitar la contaminación al momento de remover la respirador (38).

Se ha evidenciado que el uso del equipo de protección puede aumentar la perdida transdérmica de agua, eritema y un aumento en la secreción sebosa tanto en la piel cubierta como en la descubierta por debajo del equipo. Las reacciones adversas después del uso de una mascarilla N-95 son mayor en comparación con las mascarilla quirúrgicas (44). En una encuesta realizada por Hua et al. con 2.315 respuestas recibidas durante la pandemia de COVID-19, el 60.4% de participantes informaron haber utilizado una mascarilla la semana pasada, de estos el 19.6% presentaron prurito; se observó que las personas que reportaron piel sensible, predisposición atópica, tenían un riesgo significativamente mayor de desarrollar prurito (OR de 3,40, p <0,0001 y OR de 2,25, p <0,001, respectivamente). La presencia de acné (OR 1,29, p = 0002) o dermatitis seborreica (OR 1,30, p = 0,0009) parecía influir también a la generación de prurito, mientras que los trastornos sistémico como diabetes, hipertensión y enfermedad tiroidea, no(45)(45)(45)(45)(45)(45)(44)(22)(22)(57)(58)(43); Casi el 30% de las personas que lo referían informaron que se rascaban la cara, estando o no con mascarilla. La asociación de prurito por el uso de mascarillas puede provocar un incorrecto uso de la mascarilla (45).

Recuerde que por sí sola la mascarilla no es un método suficiente para protegerlo de la COVID-19, siga las recomendaciones  de cómo utilizar una mascarilla médica o de tela de forma segura dispuestas en la tabla 2 y 3 respectivamente (46). Estas recomendaciones junto con el lavado frecuente de manos, el cambio de aire en lugares cerrados o semicerrados, y el distanciamiento físico y social se puede lograr reducir al mínimo la tasa de contagio. Antes de comprar una mascarilla médica o de protección hay que asegurarse  de su originalidad, en el caso de las mascarillas de protección, usted puede ingresar a verificar el número de aprobación la “lista de equipos certificados por NIOSH (https://www.cdc.gov/niosh/npptl/topics/respirators/cel/default.html)”  o en la página de “fuentes confiables de NIOSH (https://www.cdc.gov/niosh/npptl/topics/respirators/disp_part/respsource.html)”.

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FIGURAS
AUTORES

JUAN MARTÍN GARCÍA CÓRDOVA

redacción

KIM NATALIA CEVALLOS BÜCHEL

redacción

ALEX SEBASTIAN GARCÍA GUTIERREZ

redacción

MARIA JOSE MORETA SAA, MD.

redacción

RAMIRO CADENA SEMAANTE, MD

edición

LUIS MERLO CHAVES, MD, MG.

aprobación

gabriela restrepo rodas

publicación

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