Impacto psicológico de la pandemia en niños y adolescentes

PEDIATRÍA

Impacto psicológico de la pandemia en niños y adolescentes

¿QUÉ DICE LA EVIDENCIA CIENTÍFICA?
PUNTOS CLAVE

                              

El estrés y la ansiedad que conlleva el confinamiento, son factores que afectan el estilo   
y la calidad de vida de los pacientes con enfermedades crónicas.

Durante el confinamiento los padres de familia suelen presentar mayores niveles de estrés lo cual puede tener una repercusión negativa en el ajuste emocional de los niños.

El cierre de los centros educativos alteró la rutina diaria de los niños, causando alteraciones en el comportamiento, las habilidades sociales y emocionales durante este aislamiento social.  

Los trastornos alimenticios y del ánimo pueden ser desencadenados la pandemia, por lo que es importante prestar atención a la población pediátrica por su vulnerabilidad y mitigarlos a través de fortalecer entornos familiares sanos y  comprensivos.

 

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Jueves, 26 de noviembre del 2020

PubMed, ClinicalKey

(COVID19 OR SARS-Cov-2 OR Novel Coronavirus OR Wuhan Coronavirus OR Coronavirus Disease 19 OR Severe Acute Respiratory Syndrome Coronavirus 2 OR 2019-nCoV infection OR ("severe acute respiratory syndrome coronavirus 2" [Supplementary Concept]) OR ("COVID-19" [Supplementary Concept])) AND (children OR child OR pediatric patient) AND (mental health OR psychological impact OR psychology) AND (confinement OR quarantine)

Se encontraron 163 artículos de los cuales 42 cumplieron nuestros criterios de inclusión: causalidad, manejo, prevención y comparación; lenguaje español e inglés. Se incluyeron estudios aleatorizados controlados, cohortes, caso-control, transversales, revisiones sistemáticas, metaanálisis, así como estudios psicométricos y psicológicos. Se excluyeron artículos escritos en idiomas diferentes a los señalados o que incluyeran población mayor de 18 años, reportes de caso, cartas al editor, resúmenes, estudios experimentales no humanos y revisiones no sistemáticas (revisiones literarias). Al final se utilizaron 23 artículos.

EVIDENCIA

 Desde el inicio de la pandemia, la mayoría de los gobiernos implementó medidas para evitar la propagación del SARS-CoV-2, incluyendo el cierre de escuelas y guarderías, la cuarentena y el distanciamiento social. Mientras la efectividad de estas medidas para disminuir los contagios por el SARS-CoV-2 es indiscutible, es importante también tomar en consideración el efecto psicológico que estos podrían tener sobre la población pediátrica. Está bien establecido que el aislamiento social es un precursor de problemas de la salud mental dignos de consideración que incluyen la ansiedad y la depresión. Por lo tanto, es importante entender los efectos que podría tener la situación actual sobre los niños y adolescentes ya que representan un grupo particularmente vulnerable al impacto psicológico que conlleva la pandemia.

Un aspecto crucial de la pandemia por COVID-19 es su impacto en la salud mental y su relación en los patrones del sueño, estilo de vida y la enfermedades crónicas de la población. Es  sustancial  tomar en cuenta esto para contribuir al bienestar de los niños y adolescentes (1).

CAMBIOS EN EL ESTILO DE VIDA

La población pediátrica se ha visto muy afectada debido a las restricciones de libre circulación que incluyen cierre de parques, escuelas y jardines de niños además de toques de queda. La causa principal es que limita el tiempo de exposición al aire libre, lo que implica una disminución del ejercicio físico. A causa del confinamiento domiciliario, los jóvenes desarrollarán conductas perjudiciales que llegan a afectar su calidad  de vida y por ende su salud mental (2).

Por efecto del aislamiento para prevenir la propagación viral en la comunidad se está desarrollando un entorno desfavorable que no va a ser el adecuado para lograr mantener un estilo de vida saludable (3).

SEDENTARISMO Y OBESIDAD

La relación entre obesidad y COVID-19 es especialmente importante en los pacientes pediátricos debido a su vulnerabilidad. En un estudio en el cual se realizaron entrevistas telefónicas a 75 familias, se determinó que los niños y jóvenes que padecen de obesidad tienen un nivel de ansiedad mayor que la población pediátrica en general debido a la percepción de que sus problemas de salud representan un factor de riesgo para la infección por el virus SARS-CoV-2. Consecuente a la ansiedad generada hay un aumento en las restricciones impuestas por padres y en algunos casos por el propio paciente (4).

ENFERMEDADES CRÓNICAS

El tratamiento de las enfermedades crónicas ha sido un desafío en el tiempo de pandemia. Debido a que algunos sistemas de salud se encontraban colapsados, el seguimiento regular de estas enfermedades disminuyó (5). 

  • Diabetes tipo 1

    • Los pacientes pediátricos con diagnostico establecido de diabetes tipo 1 se vieron particularmente afectados por la pandemia de COVID-19. Debido a que sus visitas de seguimiento programadas previamente fueron canceladas, debieron instaurar modificaciones en el tratamiento de su enfermedad (1). Estas modificaciones tienen un impacto sustancial en la salud mental de los cuidadores, ya que genera ansiedad, y el método de afrontamiento es la evitación y la distracción, con lo que se dificulta el manejo del paciente (6).

    • Además de ello, cabe destacar la respuesta conductual que tuvieron los pacientes durante la pandemia: su ritmo de sueño y vigilia se alteró, a causa de un aumento de uso de la tecnología por fines académicos y recreacionales. Desde el punto de vista psicológico, los pacientes informan que la cuarentena es una carga adicional a la perspectiva de su enfermedad, y lo perciben como un impacto relevante (1).

  • Epilepsia

    • El efecto del confinamiento en la epilepsia es devastador. A causa de la disminución de los ingresos económicos, las familias no tienen los recursos necesarios para costear las medicinas para el tratamiento de esta enfermedad, lo que lleva un incremento en el estrés de los padres y un manejo deficiente de los problemas conductuales y psicológicos de los niños y jóvenes. Todos estos factores dan como resultado un aumento en la frecuencia de las exacerbaciones de las convulsiones (7).

    • Los pacientes con epilepsia presentan un porcentaje elevado de síntomas de depresión, y un incremento del 50% de riesgo en comparación con personas sanas de suicidio. En relación con la pandemia, se describió que el estrés psicológico es mayor en pacientes con diagnostico establecido de epilepsia que en personas sanas. Se debe tomar en cuenta que el estrés del cuidador puede influir en la atención que se da al paciente y de esta manera afectar su calidad de vida (8).

La pandemia provocada por el virus SARS-CoV-2 ha tenido consecuencias marcadas en nuestra vida cotidiana y en nuestras relaciones sociales. Estudios han demostrado que los niños son los más susceptibles a sufrir daños emocionales a causa de las alteraciones dentro de su rutina diaria. El principal causante de esta desviación rutinaria es el cierre de los centros educativos, que priva a los niños la posibilidad de tener contacto y socializar con otras personas de su edad. Esto puede desatar un estado de depresión, seguido de estrés postraumático, ansiedad e inseguridad (9,10).

El cierre de los centros educativos ha afectado al 91% de estudiantes a nivel mundial pues impide el contacto de estudiantes con sus compañeros y maestros, ya que ahora las clases se llevan a distancia, por medio de diferentes plataformas digitales. La interrupción en la rutina afecta a los estudiantes tanto de colegios como de universidades, llevándolos a estados de irritabilidad y aburrimiento, incluso es posible que haya una afección directa a su creatividad y a la manera en la que forman sus ideas. Es importante destacar que el cambio de rutina no afecta de la misma manera a todos los estudiantes ya que por un lado tenemos a los adolescentes, que a pesar de que tienen conocimiento de la importancia del aislamiento, su principal preocupación se centra en cuando van a poder salir de la casa para poderse reunir con sus amigos. Por otro lado, se ha demostrado que el aislamiento de la familia (en casos especiales) y el pensamiento de la enfermedad o la muerte de algún ser querido es la principal preocupación en la mayoría de los niños menores, lo que puede desatar ataques de pánico o ansiedad (11,12). También es posible encontrar casos opuestos a los descritos, como los de niños que no sienten la necesidad de ir a colegio ni de verse con amigos ya que se sienten seguros y protegidos dentro de sus casas. Lamentablemente, estos niños se tornan dependientes de sus padres y exigen una mayor atención por parte de ellos (13).

El objetivo de la educación presencial es el de ayudar a los niños más jóvenes a poder desarrollar de manera correcta sus habilidades físicas, emocionales, intelectuales y sociales. Es por eso que, al implementar la educación a distancia como medida de seguridad, existe un mayor riesgo de un desarrollo deficiente en las habilidades mencionadas dada la disminución del contacto cercano que existe entre los maestros y el estudiante (12,14). Además, se ha observado que los niños han dejado de realizar actividad física, la cual se implementa por los colegios para mejorar las funciones motoras y para mantener a los niños en un mejor estado físico. Durante esta nueva modalidad de clase los estudiantes deben permanecer una gran cantidad de tiempo frente a pantallas y conectados a internet; esto no es saludable para ellos, y si se le suma la falta de actividad física, es posible que se presenten problemas de salud (14).

Durante este año, se presentó un gran cambio en la manera en que los niños aprenden, juegan, crecen y se comportan ya que ahora los padres forman una parte mucho más grande en la educación de sus hijos. Por otro lado, existen familias que no tienen los recursos ni el tiempo necesarios para poder aportar a sus hijos con la educación necesaria lo que puede causar un desbalance marcado en la misma. También hay que tener presente que no todos los niños entienden cómo funciona la tecnología por lo que su rendimiento puede no ser el adecuado y van a necesitar más ayuda por parte de sus docentes (12,13).

Se estima que desde el inicio de la pandemia el 87% de niños y adolescentes a nivel mundial han sido afectados por el cierre de escuelas y guarderías (15). Esto ha llevado a muchos cambios dentro de las familias en las cuales muchos padres deben estar a disposición de sus hijos y al mismo tiempo seguir trabajando desde casa, por lo cual la separación entre trabajo y familia se ha vuelto difícil y en algunos casos imposible. Además, muchas familias se han enfrentado a situaciones socioeconómicas adversas como la pérdida de trabajo de uno de los padres, lo cual tiene una repercusión psicológica negativa sobre toda la familia y aumenta el nivel de estrés de los padres. Esto a la larga produce un deterioro en su capacidad de crianza y que los niños presenten comportamientos como hiperactividad, que suele ser común durante periodos de confinamiento y que puede empeorar el estrés de los padres. Por lo tanto, está claro que el estrés de los padres y de los hijos tiene una relación reciproca que puede tener un impacto psicológico adverso en ambos grupos (16).

FACTORES DE RIESGO ASOCIADOS AL ESTRÉS DE LOS PADRES

Existen determinados factores de riesgo que pueden empeorar el nivel de estrés de los padres, como el número de hijos y la presencia de enfermedades genéticas, físicas o psicológicas (16). Los cambios socio económicos en las familias debido a pérdidas de trabajo de los padres o una disminución en el salario también se incluyen en esta lista. Se debe tomar en cuenta que, aunque el confinamiento ha permitido que las familias pasen más tiempo juntos, en muchos casos la calidad de este tiempo puede verse deteriorada por el sentimiento abrumador de tener que preocuparse por su trabajo, sus hijos y otras actividades domésticas al mismo tiempo (17). En comparación a el resto de la población, la mayoría de las madres refiere sentir una menor capacidad de autocontrol y bienestar y mayores niveles de ansiedad (16).

 Esto es un problema ya que el estrés en los padres interfiere con su capacidad de crianza sobre todo en cuanto a su capacidad de manejar dificultades con los hijos lo cual aumenta la utilización de medidas de disciplina inadecuadas que pueden incluso llevar al abuso físico (16). Además, el estrés de los padres puede disminuir su interés por el bienestar emocional de sus hijos y puede hacer que terminen pasando menos tiempo con ellos. Este desinterés por parte de los padres termina afectando el ajuste emocional de los niños,  lo cual exacerba aún mas el estrés de los padres y produce un círculo vicioso (17). Por un lado los padres, estresados tienen mayor dificultad para entender las necesidades de sus hijos y responder de manera adecuada, y los hijos no se sienten entendidos por sus padres y suelen reaccionar de forma negativa e incluso agresiva (18). Otro factor de riesgo importante que se comporta de manera diferente en niños que en sus padres es la exposición repetida a los medios y canales de información como la televisión y las redes sociales. Por un lado, se ha observado que esto tiene un impacto negativo en los niños, pues proporciona un factor de riesgo para desarrollar ansiedad y síndrome de estrés postraumático, mientras que en los padres reduce los niveles de ansiedad y estrés, lo cual seguramente se debe a las diferencias en el procesamiento de información (19).

Una situación importante que se debe tomar en cuenta es el efecto de la separación de los hijos de sus padres cuando uno de estos se infecta por el SARS-CoV-2 y debe ser aislado de su familia. En estos casos, los niños requieren atención especial para evitar generar un efecto perjudicial sobre la salud mental, produciendo sentimientos de estrés, ansiedad, depresión y miedo por la vida de sus padres, que son más difíciles de manejar y suelen exteriorizarse como comportamientos agresivos (12).

 

IMPORTANCIA DE LA COMUNICACIÓN ENTRE PADRES E HIJOS

Muchos padres refieren al confinamiento como una experiencia positiva que les ha permitido pasar más tiempo con sus hijos (16). Se  ha observado que los padres que están más involucrados en la vida y en el bienestar emocional de sus hijos y que se toman el tiempo de hablar con ellos acerca de cómo se sienten y realizan actividades juntas tienen un efecto positivo, pues fomentan la resiliencia de los hijos ante la situación que están enfrentando (17). Además, los padres pueden tener una influencia importante al hablar acerca de los efectos positivos que pueden surgir tras un evento traumático como la pandemia. Los padres pueden guiar a sus hijos a percibir a la pandemia y al confinamiento desde un punto de vista constructivo y descubrir aspectos positivos en tiempos difíciles. Este tipo de conversaciones tienen un efecto protector sobre el impacto psicológico de la pandemia en los niños resultando en menores niveles de estrés, ansiedad y depresión. Por lo tanto, es importante incentivar este tipo de conversaciones entre padre e hijos, para que estos tengan un menor riesgo de desarrollar efectos psicológicos importantes (15).

Debido a la cuarentena establecida en la pandemia se han reportado repercusiones psicológicas a corto y largo plazo en la población infantil. Dependiendo de factores como la edad, la educación y la calidad de salud mental preexistente cambiarán los efectos. Se ha demostrado que niños de tres a seis años pueden mostrar más apego

hacia sus padres acompañado de miedo de que su familia se contagie de COVID-19. En niños mayores (de hasta 18 años) se mostraron síntomas como pesadillas, baja calidad del sueño y falta de atención. Según Columb et al, el encierro ha demostrado poder estimular conductas adictivas -como el consumo de alcohol o pornografía- para evitar afrontar los estados emocionales negativos. Este tipo de conductas además pueden exacerbar otros trastornos (13).

 

TRASTORNOS ALIMENTICIOS Y OBESIDAD 

Existe evidencia mixta sobre el impacto del confinamiento en pacientes que sufren de obesidad. Según Fernández et al, los pacientes con obesidad han mostrado disminución en el índice de masa corporal y en peso además refieren menos síntomas psicopatológicos como ansiedad por comer o atracones. Por otro lado, el porcentaje de cirugías bariátricas ha aumentado durante esta pandemia (20). Rodgers et al, en contraposición, plantean tres caminos por el que los desórdenes alimenticios podrían exacerbarse. El primero es la disrupción de rutinas diarias y la restricción de actividades al aire libre, por lo que podría haber ganancia de peso y preocupaciones que causen ansiedad en los pacientes. La disminución del apoyo emocional por las restricciones sociales y la mayor exposición a contenido en las redes sociales podrían ser negativos y causar síntomas  (22). También se considera que por el miedo a contagiarse podría podrían aumentar las dietas restrictivas enfocadas a mejorar la inmunidad. Por ello, ss importante prestar atención a los adolescentes y niños ya diagnosticados con desórdenes alimenticios y a la población pediátrica en general.

 

DEPRESIÓN Y ANSIEDAD

Según Wang et al, los adolescentes y niños tienen más predisposición a tener crisis psicológicas que podrían causar indicios de enfermedades como depresión y ansiedad. Esto se asocia al confinamiento, falta de relaciones sociales y la exposición a problemas de los padres, como pérdidas económicas o preocupaciones de la salud (22). En un estudio conducido por Yue et al, se demostró que los niños tienden a presentar mayores niveles de ansiedad y depresión debido a que los mecanismos para manejar su entorno y todo lo que está pasando por la pandemia no han sido desarrollados y a la imposibilidad de comunicarse con sus pares (19). Según Mihashi et al, los niños que tienen mayor nivel socioeconómico han demostrado menores niveles de ansiedad y depresión, que podría deberse a una menor preocupación por problemas económicos asociados a la pandemia y mayor tranquilidad respecto a servicios básicos y alimentación (23). Otros estudios también mencionan que los niveles de depresión y ansiedad podrían ser menores en lugares en donde el COVID-19 no ha afectado tanto. Es importante que las familias mantengan un estado de tranquilidad y positivismo para evitar riesgos o desencadenantes de trastornos del ánimo.

Es crucial tomar en cuenta el estrés psicológico y la ansiedad que conlleva la pandemia en la población pediátrica y en sus progenitores, debido a que afecta negativamente al manejo de enfermedades crónicas y a la calidad de vida del paciente. Como consecuencia de lo expuesto se puede llegar a comprender que muchos de los efectos sobre los niños causados por el aislamiento durante la pandemia del SARS-CoV-2 se pueden reducirse si los padres ayudan a sus hijos a planificar y establecer rutinas. Así, se puede evitar que los niños se sientan desorientados, se da un apoyo para disminuir su tiempo frente a las pantallas y los incentiva a realizar algún tipo de actividad física. De igual forma, los centros educativos pueden contribuir mejorando las condiciones de los niños, solicitando a los docentes que sean más empáticos con ellos y facilitando a los estudiantes un profesional con quien hablar para que puedan desahogarse y expresar sus preocupaciones. En el caso de los niños más pequeños, sería óptimo que los profesores se pongan en contacto con los sus representantes para poder entender la situación de cada niño para evitar errónea generalización de casos. Existe una necesidad apremiante de planificar estudios longitudinales y de desarrollo, y de implementar planes de acción basados en evidencia para atender las necesidades de salud psicosocial y mental de los niños y adolescentes vulnerables durante y después de la pandemia. Es necesario mejorar el acceso de los niños y adolescentes a los servicios de apoyo de salud mental orientados a proporcionar medidas para desarrollar mecanismos de afrontamiento saludables durante la crisis actual. Para ello se consideran necesarias políticas innovadoras de salud mental infantil y adolescente con redes de colaboración de psiquiatras, psicólogos, pediatras y voluntarios comunitarios. Finalmente, es crucial el explicar la situación mundial actual de manera que los estudiantes entiendan que está pasando y comprendan la necesidad de las medidas de seguridad adoptadas. 

  1. Passanisi S, Pecoraro M, Pira F, Alibrandi A, Donia V, Lonia P, et al. Quarantine Due to the COVID-19 Pandemic From the Perspective of Pediatric PatientsWith Type 1 Diabetes: A Web-Based Survey. Front Pediatr. 2020;8:491.

  2. Pietrobelli A, Pecoraro L, Ferruzzi A, Heo M, Faith M, Zoller T, et al. Effects of COVID-19 Lockdown on Lifestyle Behaviors in Children with Obesity Livingin Verona, Italy: A Longitudinal Study. Obesity (Silver Spring). agosto de 2020;28(8):1382–5.

  3. Rundle AG, Park Y, Herbstman JB, Kinsey EW, Wang YC. COVID-19–Related School Closings and Risk of Weight Gain Among Children. Obesity. 2020.

  4. Abawi O, Welling MS, van den Eynde E, van Rossum EFC, Halberstadt J, van den Akker ELT, et al. COVID-19 related anxiety in children and adolescents with severe obesity: Amixed-methods study. Clin Obes. diciembre de 2020;10(6):e12412.

  5. PJ A, Pironi L, F J, S L. An international survey of clinicians’ experience caring for patients on home parenteral nutrition for chronic intestinal failure during the COVID‐19 pandemic. J Parenter Enter Nutr. noviembre de 2020;jpen.2050.

  6. Khemakhem R, Dridi Y, Hamza M, Ben Hamouda A, Khlayfia Z, Ouerda H, et al. How do parents of children with type 1 diabetes mellitus cope and how does this condition affect caregivers’ mental health? Arch Pédiatrie. julio de 2020;27(5):265–9.

  7. Saleem T, Sheikh N, Abbasi MH, Javed I, Khawar MB. COVID-19 containment and its unrestrained impact on epilepsy management inresource-limited areas of Pakistan. Epilepsy Behav. noviembre de 2020;112:107476.

  8. Kuroda N. Mental health considerations for patients with epilepsy during COVID-19 crisis. Epilepsy and Behavior. 2020.

  9. Abdulah DM, Abdulla BMO, Liamputtong P. Psychological response of children to home confinement during COVID-19: Aqualitative arts-based research. Int J Soc Psychiatry. noviembre de 2020;20764020972439.

  10. Xie X, Xue Q, Zhou Y, Zhu K, Liu Q, Zhang J, et al. Mental Health Status Among Children in Home Confinement During the Coronavirus Disease 2019 Outbreak in Hubei Province, China. JAMA Pediatr. septiembre de 2020;174(9):898.

  11. Marchetti D, Fontanesi L, Mazza C, Di Giandomenico S, Roma P, Verrocchio MC. Parenting-Related Exhaustion During the Italian COVID-19 Lockdown. J Pediatr Psychol. noviembre de 2020;45(10):1114–23.

  12. Shah K, Mann S, Singh R, Bangar R, Kulkarni R. Impact of COVID-19 on the Mental Health of Children and Adolescents. Cureus. agosto de 2020;12(8):e10051.

  13. Singh S, Roy D, Sinha K, Parveen S, Sharma G, Joshi G. Impact of COVID-19 and lockdown on mental health of children and adolescents: A narrative review with recommendations. Psychiatry Res. noviembre de 2020;293:113429.

  14. Cachón-Zagalaz J, Sánchez-Zafra M, Sanabrias-Moreno D, González-Valero G, Lara-Sánchez AJ, Zagalaz-Sánchez ML. Systematic Review of the Literature About the Effects of the COVID-19 Pandemic onthe Lives of School Children. Vol. 11, Frontiers in psychology. 2020. p. 569348.

  15. Tang S, Xiang M, Cheung T, Xiang Y-T. Mental health and its correlates among children and adolescents during COVID-19 school closure: The importance of parent-child discussion. J Affect Disord. enero de 2021;279:353–60.

  16. Cusinato M, Iannattone S, Spoto A, Poli M, Moretti C, Gatta M, et al. Stress, Resilience, and Well-Being in Italian Children and Their Parents during the COVID-19 Pandemic. Int J Environ Res Public Health. noviembre de 2020;17(22):8297.

  17. Spinelli M, Lionetti F, Setti A, Fasolo M. Parenting Stress During the COVID-19 Outbreak: Socioeconomic and Environmental Risk Factors and Implications for Children Emotion Regulation. Fam Process. septiembre de 2020;famp.12601.

  18. Spinelli M, Lionetti F, Pastore M, Fasolo M. Parents’ Stress and Children’s Psychological Problems in Families Facing the COVID-19 Outbreak in Italy. Front Psychol. julio de 2020;11:1713.

  19. Yue J, Zang X, Le Y, An Y. Anxiety, depression and PTSD among children and their parent during 2019 novel coronavirus disease (COVID-19) outbreak in China. Curr Psychol. noviembre de 2020;1–8.

  20. Fernández-Aranda F, Munguía L, Mestre-Bach G, Steward T, Etxandi M, Baenas I, et al. COVID Isolation Eating Scale (CIES): Analysis of the impact of confinement in eatingdisorders and obesity-A collaborative international study. Eur Eat Disord Rev. septiembre de 2020;

  21. Rodgers RF, Lombardo C, Cerolini S, Franko DL, Omori M, Fuller-Tyszkiewicz M, et al. The impact of the COVID-19 pandemic on eating disorder risk and symptoms. Int J Eat Disord. 2020;

  22. Wang G, Zhang Y, Zhao J, Zhang J, Jiang F. Mitigate the effects of home confinement on children during the COVID-19 outbreak. Vol. 395, Lancet (London, England). 2020. p. 945–7.

  23. Mihashi M, Otsubo Y, Yinjuan X, Nagatomi K, Hoshiko M, Ishitake T. Predictive Factors of Psychological Disorder Development During Recovery Following SARS Outbreak. Heal Psychol. 2009;

 

FIGURAS
AUTORES

kim Cevallos

redacción

Nicole Martinez

redacción

Alejandro peñaherrera

redacción

maría paula pineda

redacción

carolina merlo

edición

Lorena Vela

publicación

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